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martedì 23 ottobre 2018 17:08
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Posted by on set 19, 2018 in Rubrica "IL GRIDO E IL SUSSURRO" | 0 comments

Miguel Ángel Ruiz Magdónel

IL GRIDO E IL SUSSURRO, l’angolo della poesia contemporanea internazionale

a cura di Zingonia Zingone

La poesia è sussurro divino e urlo che si alza dalle viscere dell’uomo. È rigorosa ricerca della verità. Un linguaggio universale che spinge il lettore a spogliarsi del superfluo e penetrare in sé, in quello spazio interiore dove non esistono barriere e ciascuno è battito di un battito più forte.

Il grido e il sussurro propone un viaggio attraverso le parole e i gesti del mondo. Ogni mese un poeta, un messaggio, uno spunto di riflessione.

/—/

È raro ma capita di ricevere un libro e metterlo da parte pensando “poi lo leggo con calma”. Mi è successo con Las ordalías del verbo (Le ordalie del verbo), un meraviglioso libro di poesie che ho ritrovato qualche giorno fa nello scaffale dedicato agli autori che iniziano con le lettere L-M-N. Mi fu omaggiato dall’autore, il poeta messicano Miguel Ángel Ruiz Magdónel, quando ci incontrammo a Tabasco (Messico) in occasione di un festival di poesia iberoamericana, esattamente dieci anni fa. È scandaloso, lo so, ma forse allora non ero pronta per leggere e tradurre dei versi così profondi, lavorati con una così raffinata attenzione.

Precipito in un abisso di bellezza. Parole intessute come una ragnatela di seta su cui rimontare all’origine dei tempi, ritrovare quel luogo che precede la frammentazione del tempo. Il poeta non sceglie la via dell’immaginario e non si avvale di uno scenario idilliaco, anzi, il suo è uno scavare nelle ferite della terra e degli uomini, alla ricerca della fonte primaria che trasforma, purifica, rigenera. L’inizio del cammino ascendente è sempre la prova. Infatti, Magdónel sceglie come parola chiave nel tiolo del libro “ordalia”, un termine coniato nel medioevo per indicare il giudizio di Dio su un presunto colpevole. Nelle prove rischiose alle quali costui veniva sottoposto – ferri roventi, duelli, acqua gelata e acqua bollente – l’esito stava ad indicare la diretta manifestazione della volontà divina ed era pertanto determinante per il riconoscimento dell’innocenza o della colpevolezza dell’accusato.

Le ordalie di Magdónel sono quelle del verbo, della parola poetica che “dicendo” va alla radice del peccato che vive in noi. Tuttavia, questa filigrana di versi è lontana dalla sentenza, è un’immersione nella vita quotidiana – misteriosa e fuori dal tempo – dei contadini del meridione messicano, degli avi del poeta, come ad indicare che il cammino parte dal fondo delle nostre radici.

Ho perso di vista il poeta Magdónel e mi sono trovata a tradurre il poema iniziale di questo suo libro senza chiederglielo, ma senza poterne fare a meno. Ogni pagina contiene un universo da scoprire negli echi letterari, umani, mitologici, religiosi e cosmici.

palabras_galloMIGUEL ÁNGEL RUIZ MAGDÓNEL (Messico) è poeta e saggista, nato a Centro, Tabasco, nel 1962, ha pubblicato diversi libri di poesie, aforismi e saggi. I suoi componimenti sono presenti in numeroso antologie. Dirige l’unità di Diffusione Culturale dell’Università Juárez Autónoma di Tabasco, dove ha la cattedra di letteratura ispanoamericana e messicana.

 

 

 

(Traduzione di Zingonia Zingone)

 

El inicio del tiempo

 

Empezar por los odres del tiempo

por las aguas del tiempo

por las sales del tiempo

 

Empezar por el silencio que alberga el corazón de los hombres

por el secreto de sus manos que tramontan los cielos

por la silueta del cuerpo que contrapesa el miedo de los caminos

 

Empezar por la tierra ausente

por el fino polvo que oscurece a las naves

por la tronante noche que se arruina

 

 

Empezar por la clara geografía del fuego

por el galope que usurpa el oro de los montes

por los escenarios que han dejado de ser el trazo de la lluvia

 

Empezar por la poesía

por la maldita poesía que me asombra

porque nunca supe de ella en los escombros vertiginosos del mar desollado

 

*

 

Despierto a las orillas de este río

en amaneceres de lluvia y barcos que remontan

las crecientes a fuerza de remos

 

Los pescadores tiran sus fisgas

Hieren el agua como un arpón

que desgarra la piel de los recién nacidos

 

*

 

Los mozos de la finca siembran árboles de oro

Sueñan con arruinar al cielo

por su imprudencia para retener las lluvias

 

*

 

Las mujeres acicalan el espíritu de los montes

Saben a arcilla y flores

(arcilla desplegada en los ribazos y breñales

en la bisutería de la calígine que rodea

a las marismas)

 

*

 

El agua dejó su nombre a la intemperie

Los fangales

 

*

 

Las ilusiones en el rancho se desgranan a diario

Las viejas comadres las corren de voz a voz

En la alta noche sólo las cuerdas de un violín contestan

 

*

 

El viejo finquero se ha emborrachado con guarapo

No quiere saber nada del demonio que lo ata a esta tierra

 

*

 

En la cara de los capataces

se ve la huella del látigo

Es su mirada que cabriola

ante la figura del amo

 

*

 

Encabritado el tiempo da con nosotros por tierra

El dolor es grande como la trementina ardiente

como la carne sajada que se tuesta en las vigas

como el cántico de los ribereños cuando perjuran

contra los demonios de la tristeza

 

*

 

El muérdago se ennegrece en los horcones

Las pilastras se desmoronan en los atardeceres

Las crías de ganado deambulan por el patio

Las estatuillas de cera se derriten en el llanto

Los soles groseros mancillan el vientre de las vírgenes

 

Nada es tan refulgente como estas púberes niñas

con sus gritos de perro

con sus cabellos de cierzo

 

*

 

El río muda de lecho

para no envejecer tan pronto

Huye de la ira del agua

que como garra

le destroza las entrañas

 

*

 

En el monte, en la alta noche

me abro el pecho para dejar libre el corazón

 

Una a una, las estrellas se cobijan en él

 

*

 

En las cuerdas está la pasión del grito, dice mi padre

Ha traído al viejo violinista a amenizar el nacimiento del niño

Le invita aguardiente para que no flaquee en plena noche

La estancia se enfría y mi abuelo reaviva el fogón

Los pujos de la mujer no acallan los gritos de la comadrona

que hierve raíces entre sus manos de tierra

La noche transcurre entre acordes y risas de los

finqueros que bromean a mi padre

En el cobertizo descansan los perros

y el ánima de un hombre que murió por revólver

El grito del niño sobresalta a todos

Traspasa los setos y se prende a los fulgores del alba

–fue la primera vez que oí

el aliento triste del violín–

 

*

 

En las cuerdas está la pasión del Ser, dice ahora mi padre

(Esto diría también Nefertiti muchos años después

cuando la finca era apenas un lejano susurro

reconstruido en la oscuridad de las palabras

en el delirio de una vida tramontana)

 

*

 

Los carabineros mataron a un mozo

Lo agarraron frente al corral

en pleno destete de becerros

Le hicieron un hoyo tan grande

que se podía ver a su través

 

Pobre mozo, tan bien que chasqueaba

el lazo y tronaba las cuerdas.

 

*

 

Para llegar al mar,

hay que cruzar la finca

con un navío al hombro

 

*

 

En los límites de la finca se crea el mundo –dijo Eustaquio

Los perros alados mueren con sus delirios de pájaros

Los montes acumulan medidas de verdad y de mentira

Los huesos de los finqueros liberan su tierra ahogante

El polvo alimenta la tristeza de los caballos extraviados

Pero lo más importante –no lo olviden–

Los seres atroces devoran niños y los convierten en caimanes

 

*

 

Las novias de los gambusinos visten de blanco eternamente

Esperan a sus hombres que se les deshacen las carnes

De tanto mirar la noche les queda negro el corazón

 

*

 

Ya las mujeres de la finca no asisten a romerías

Desde que mataron a Terencio y lo echaron

como carroña a los pájaros hambrientos

han decidido convertirlo en santo

 

*

 

En las mozas de la finca los años se acumulan

como un polvo tan fino

que un día amanecen convertidas en flor

 

*

 

Los buhoneros deambulan por los alrededores de la finca

Arrastran las correas y las botas

No se despiden de nadie porque claman las comadronas

son hombres que no existen

ánimas del monte que el humo saca en peregrinación

 

*

 

Un carro de mulas duerme en el camino

El cochero tiene el morrillo desnudo y el dorso quemado por el sol

Una bolsa de arpillera cuelga de su brazo

El camino es estrecho y las reses se apartan al grito de los jinetes

La noche cae lenta con su manto de arena brillante

Una de las mulas se sacude

Las moscas zumban entre sus mataduras

 

*

 

Un atajo de piedra lleva en la finca al centro del mundo

al árbol del corazón azul

al manantial de las aguas de oro

al paraíso de las mujeres dormidas

al sitio de los sueños que no existen

(Allí presentí a Nefertiti y sus demonios

vislumbré la ciudad y sus delirios

sospeché la diáspora

predestiné mi muerte)

 

*

 

El viejo toro me enseñó que la muerte es una ilusión

Arremetió con tal fuerza a quienes hoy lo mataron

que su bramido rasgó a cuchillo para siempre el día

 

(Ahora no hay finquero que no lo escuche por los potreros)

 

*

 

El más joven de los finqueros quiere recorrer el mundo

Su rostro de buey manso se transfigura cuando los

gambusinos

hablan del mar y de ciudades que brillan como

una hoguera gigante en la alta noche

Su cuerpo se afiebra y monta en cóleras innombrables

para los curanderos del pueblo

Nadie en la finca duda que Dios lo ha abandonado

Nadie le guarda el sueño

Dicen que jamás un finquero ha traspuesto los límites del monte

o ha sobrevivido a la ojeada del diablo

 

*

 

El alma del finquero

tiene algo de penitente

algo de oscura esperanza

que se aferra a la embriaguez por la vida

 

*

 

Los finqueros que suavizan el alma

se pudren como los cayucos en los esteros

como los caballos que nadie encuentra en los médanos

 

*

 

En la oscuridad febril de los marjales

nada quema tanto como la palabra que me asombra

 

*

 

Tu abuelo ha muerto y no estuviste para enterrarlo

 

*

 

Qué le pasa al monte

Qué le pasa a los caminos

Qué le pasa a mi corazón

 

¡Ay monte de llanto y brezo!

¡Ay milagrería de espinas!

 

¡Eleven mi palabra por la tierra fértil!

 

 

 

L’inizio del tempo

 

Iniziare dagli otri del tempo

  dalle acque del tempo

  dai sali del tempo

 

Iniziare dal silenzio che ospita il cuore degli uomini

  dal segreto delle loro mani che fanno tramontare i cieli

  dalla silhouette del corpo che controbilancia la paura del cammino 

 

Iniziare dalla terra assente 

  dalla polvere sottile che adombra le navi

  dalla notte tonante che va in rovina

 

Iniziare dalla limpida geografia del fuoco 

  dal galoppo che usurpa l’oro dei monti

  dai paesaggi che più non sono segnati dalla pioggia 

 

Iniziare dalla poesia 

  dalla maledetta poesia che mi meraviglia

  perché mai la conobbi nelle macerie vertiginose del mare scorticato

 

*

 

Mi sveglio sulla riva di questo fiume 

l’alba di pioggia e barche che risalgono 

le piene a forza di remi

 

I pescatori lanciano le loro fiocine

Feriscono l’acqua come un arpione 

che lacera la pelle dei neonati

 

*

 

I manovali della tenuta piantano alberi d’oro

Sognano di rovinare il cielo 

per la sua imprudenza nel trattenere la pioggia

 

*

 

Le donne affinano lo spirito delle montagne 

Sanno di argilla e fiori

(argilla spiegata negli argini ripe e nei rovi 

nella bigiotteria della caligine che circonda

le paludi)

 

*

 

L’acqua ha lasciato il suo nome all’intemperie

  Nel fango

 

*

 

Nella fattoria si sgranano ogni giorno le illusioni

Le vecchie comari le diramano di voce in voce

Nella notte fonda rispondono soltanto le corde di un violino 

 

*

 

Il vecchio contadino si è ubriacato di guarapo 1

Non ne vuole sapere del demonio che lo lega a questa terra

 

1 Nello stato di Tabasco, Messico, il guarapo è una bibita molto popolare tra la popolazione indigena chontal e si beve principalmente durante il Giorno dei Morti. Abitualmente si colloca sugli altari. La bibita è fatta son succo di canna da zucchero fermentata. Esiste anche il guarapo di mais, elaborato con mais tostato e fermentato, zucchero di canna e acqua.

*

 

Sulle facce  dei capisquadra 

è visibile l’orma della frusta 

È il suo sguardo che saltella

di fronte all’emblema del padrone

 

*

 

Imbizzarrito il tempo ci raggiunge via terra

Il dolore è grande come la trementina ardente 

come la carne ferita che si tosta sulle travi 

come il cantico dei costieri quando pergiurano 

   contro i demoni della tristezza

 

*

 

Il vischio nei forconi si scurisce

Le lesene al tramonto cadono a pezzi

I cuccioli del bestiame vagano per il cortile

Le piccole statue di cera si sciolgono nel pianto

I soli scortesi macchiano il ventre delle vergini

 

Niente rifulge di più di queste bambine pubescenti 

   con i loro urli da cane 

   con i loro capelli da tramontana

 

*

 

Il fiume cambia letto 

per non invecchiare troppo in fretta

Fugge dall’ira dell’acqua 

che come un artiglio 

distrugge le sue budella

 

*

 

In collina, di notte fonda 

mi apro il petto per liberare il cuore

 

Una a una, le stelle si riparano in lui

 

*

 

Nelle corde è la passione del grido, dice mio padre 

Ha portato il vecchio violinista ad animare la nascita del bambino

Gli offre acquavite così non vacilla nel mezzo della notte

Il salone si raffredda e mio nonno ravviva la stufa

Le contrazioni della donna non zittiscono gli urli dell’ostetrica 

che fa bollire le radici tra le sue mani di terra

La notte trascorre tra accordi e risate 

di contadini che prendono in giro mio padre

Sotto la tettoia riposano i cani 

e l’anima di un uomo ucciso da una rivoltella

Il pianto del bambino fa sussultare tutti 

Oltrepassa le siepi e abbraccia i bagliori dell’alba

–per la prima volta ho sentito 

il respiro triste del violino–

 

*

 

Nelle corde è la passione dell’Essere, dice ora mio padre 

(Questo avrebbe detto anni dopo anche Nefertiti 

quando la tenuta era soltanto un sussurro lontano

ricostruito nel buio delle parole

nel delirio di una vita sprezzante)

 

*

 

I carabinieri uccisero uno stalliere 

Lo presero di fronte alla stalla 

nel mezzo dello svezzamento dei vitelli

Gli fecero un buco così grande 

che ci si poteva vedere attraverso

 

Povero stalliere, così bravo a schioccare

il lazo e tuonare le corde.

 

*

 

Per raggiungere il mare, 

bisogna attraversare la tenuta 

con una nave in spalla 

 

*

 

Ai confini della tenuta si crea il mondo –disse Eustacchio 

I cani alati muoiono con i loro deliri da volatile

I monti accumulano misure di verità e bugia

Le ossa dei contadini liberano la loro terra soffocante

La polvere nutre la tristezza dei cavalli smarriti

Ma la cosa più importante –non ve lo scordate–

Le persone atroci divorano i bambini e li trasformano in caimani

 

*

 

Le spose dei cercatori d’oro si vestono sempre di bianco 

Aspettano i loro uomini fino allo sciogliersi della carne

A forza di guardare la notte si fa nero il loro cuore

 

*

 

Le donne della tenuta non vanno più alle processioni

Da quando è stato ucciso Terenzio e lo hanno gettato 

come carogna agli uccelli rapaci 

hanno deciso di farlo santo

 

*

 

Sulle giovani della tenuta gli anni si accumulano 

come una polvere talmente sottile 

che un giorno si sveglieranno trasformate in fiori

 

*

 

I mercanti si aggirano per i dintorni della tenuta

Trascinando le cinghie e gli stivali

Non salutano nessuno perché gridano le levatrici 

sono uomini inesistenti 

anime dei monti che il fumo si porta in pellegrinaggio

 

*

 

Un carico di muli dorme lungo la via

Il cocchiere ha la nuca scoperta e la schiena bruciata dal sole

Una borsa di iuta pende dal suo braccio

Il sentiero è stretto e il bestiame si sposta al grido dei cavalieri

La notte scende lentamente vestita di sabbia splendente

Uno dei muli si scuote

Le mosche ronzano fra le legature

 

*

 

Una scorciatoia di pietra porta nella tenuta al centro del mondo 

all’albero dal cuore blu 

alla sorgente dalle acque d’oro

al paradiso delle donne addormentate 

al luogo dei sogni che non esistono

(Lì ho avvertito Nefertiti e i suoi demoni

ho intravisto la città e i suoi deliri 

ho presunto la diaspora

ho scelto la mia morte)

 

*

 

Il vecchio toro mi ha insegnato che la morte è un’illusione 

Si è lanciato con una tale forza contro quelli che lo hanno ucciso oggi 

che la lama del suo boato ha squarciato per sempre il giorno

 

(Non vi è più contadino nei campi che non lo senta)

 

*

 

Il più giovane dei contadini vuole girare il mondo 

La sua faccia da bue mite si trasfigura quando i 

     cercatori d’oro

parlano del mare e delle città che brillano come 

un falò gigantesco in piena notte 

Il suo corpo si accalora e scoppia in una collera indicibile 

secondo i guaritori del villaggio

Nessuno nella tenuta dubita che Dio lo abbia abbandonato

Nessuno gli custodisce il sonno 

Dicono che nessun contadino abbia mai trasposto i confini dei monti 

né sia sopravvissuto all’occhiata del diavolo

 

*

 

Nell’anima del contadino 

c’è qualcosa del penitente 

qualcosa della buia speranza 

che si afferra all’ebbrezza per la vita

 

*

 

I contadini che ammorbidiscono la loro anima 

marciscono come le piroghe negli estuari 

come i cavalli che nessuno trova tra le dune

 

*

 

Nel buio febbrile delle paludi 

niente brucia tanto come la parola che mi meraviglia

 

*

 

Tuo nonno è morto e tu non c’eri per seppellirlo 

 

*

 

Cosa succede ai monti 

Cosa succede ai sentieri 

Cosa succede al mio cuore 

 

Oh monti di pianto e brughiere!

Oh miracolismo di spine!

 

Elevate le mie parole in terra fertile!